Gracias al Concilio Vaticano II, que mandó restaurar el Rito de Consagración de Vírgenes, florece de nuevo
en la Iglesia esta vocación que es la consagración femenina más antigua. Basta recordar a santa Cecilia, santa Inés, santa Águeda...
Como ellas, las vírgenes de hoy son también consagradas por el Obispo, celebran desposorios
místicos con Jesucristo, Hijo de Dios, y se entregan a la oración y al servicio de la Iglesia de acuerdo con sus carismas propios y vocación personal, permaneciendo en sus
casas.
No tienen reglamentos ni estructuras comunitarias ni superiores. Se rigen por las directrices del propio Obispo.
No existe una forma de apostolado común a todas, lo cual favorece la acción del Espíritu Santo en ellas,
siempre bajo el discernimiento del Obispo. La Virgen María es su modelo.
El Orden de las Vírgenes consagradas no tiene más fundador o fundadora que la propia Iglesia inspirada en el misterio de María. Esta vocación es
netamente eclesial.
A diferencia de los Institutos religiosos, el Ordo virginum no tiene reglas ni estructuras comunitarias. La consagración de una virgen
es personal y particular. La virgen consagrada no renuncia a su propio trabajo, del cual vive, sino que lo ejerce en espíritu de servicio y de evangelización. No tiene
superiora, encargada, responsable, etc. Sino que su único superior (sin voto de obediencia) es el Obispo.
Este estilo de vida consagrada responde a aquella primera consagración femenina que hubo en la Iglesia: Las vírgenes cristianas.
Presencia en el Mundo
Viven su pertenencia a Dios en medio del mundo al estilo de Jesús, como enviado del Padre para transformar el mundo. Representar a Jesús es el
modo más radical de vivir el Evangelio en esta tierra.
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"Vosotros sois la luz del mundo. Vosotros sois la sal de la tierra".
"No te pido que los retires del mundo sino que los guardes del Maligno. Ellas no son del mundo. Santifícalos en la verdad. Tu Palabra
es la verdad. Como Tú me has enviado al mundo yo también los he enviado al mundo" (Jn 17,15-18).
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La donación total a Cristo en una vida de virginidad consagrada es
un testimonio que se hace ahora más urgente. En tiempos de crisis y de cambios, cuando nos encontramos ante nuevas perspectivas:
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Si sientes que Jesús te llama a ser su esposa y a vivir ya desde ahora la vida futura del cielo aquí en la tierra,
no dudes más.
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